Distritos culturales… ¿y Mendoza qué?

Feb 15, 2010 Categoría: Ciudad


Durante los primeros años de la recuperada democracia, se pusieron en marcha en Mendoza procesos que no lograron ser sostenidos políticamente. Haciendo una rápida evaluación de los últimos años podemos decir que hemos perdido impulso y potencia.

 

Los servicios quinarios? son actividades intensivas en conocimiento que incluyen los servicios de información y las industrias culturales, los servicios profesionales, científicos y técnicos, los servicios de educación, sanidad, servicios sociales, y las artes, el entretenimiento y el ocio.

Son sectores que producen información, un bien de características económicas muy particulares, cuya elaboración e intercambio se realiza con difusas fronteras entre la esfera privada y la pública.

Son productos capaces de generar grandes rendimientos en los mercados y de requerir elevadas cantidades de recursos públicos o de patrocinio para su desarrollo (sucede en el audiovisual, en los servicios médicos, la I+D? ). Xavier Cubeles, La Vanguardia – 2006.

 

Distritos culturales

Varios autores han desarrollado el concepto de «distrito cultural». Podemos partir con lo propuesto por el Dr. Pau Rausell Köster de la Universidad de Valencia:

«El distrito cultural, como concepto marca una nueva traza en las posibilidades de intervención sobre el territorio alrededor de la cultura. Lo que plantea, trasladado desde el análisis de la realidad industrial, es que es una opción posible orientar los recursos públicos y privados, hacia la especialización del territorio en alguno de los ámbitos de la producción artística y cultural. («Cultura y Desarrollo, una relación para el desarrollo»)

También varios autores han propuesto clasificaciones de los distritos culturales. En particular nos interesa la clasificación que hace Justin O’ Connor, profesor en la Creative Industries Faculty, Queensland University of Technology, Brisbane, Australia (Industries and Regeneration, Renew Intelligence Reports, North West Development Agency, 2006).

 

Este autor tipifica dos tipos

1) El modelo «distrito cultural – densidad de equipamientos», que se basa en la idea de que la ubicación de instituciones culturales en un área deprimida promoverá la regeneración urbana: destaca que en este caso sólo tendrá éxito en el caso de que la inversión privada acompañe a la inversión pública inicial.

2) El modelo «distrito cultural – densidad de agentes», que se basa en facilitar la relación en red y la comunicación entre los diversos agentes culturales profesionales

Si analizamos comparativamente desde esta tipificación algunas iniciativas de desarrollo cultural, podremos ir identificando algunas tendencias que apuntan a consolidar este potencial crecimiento del sector quinario.

 

Modelo «distrito cultural – densidad de equipamientos»:

Este modelo podemos detectarlo en algunas ciudades, provincias o países, que están trabajando para consolidar una estrategia de promoción pública asociadas a futuras alianzas o desembarcos de emprendimientos empresariales.

Un caso típico cercano es el de la provincia de San Luis que ha apostando fuertemente a la industria audiovisual, a la fonográfica y próximamente a la editorial. El proyecto San Luis Cine se asienta en la Ley VIII -0240 -2004, denominada de Fomento de las Inversiones en la Industria del Cine, que autoriza créditos, subsidios, exenciones impositivas y beneficios especiales.

A este cuerpo normativo lo acompaña San Luis Set, un departamento de coordinación y organización, que ofrece asesoramiento, autorizaciones y todos los servicios necesarios para la preproducción y el rodaje. A eso se le suma la Ciudad del Cine y la Universidad de La Punta con su oferta especializada en capacitación audiovisual.

Por otro lado, San Luis también dispone de los estudios San Luis Música en la ciudad de Villa Mercedes, donde acaba de lanzar el sello Calle Angosta Discos, en alianza con Sony Music y bajo la conducción de Lito Vitale. También esta política está asentada en la Ley Nº VIII-0512-2006 de Fomento de las Inversiones en la Industria de la Música.

Otro caso interesante es el de Valdivia en Chile. En el marco de las dieciséis ediciones del Festival Internacional de Cine de Valdivia, se ha conformado un Cluster cuya importancia fue resaltada por el director de la Escuela de Cine de Valdivia, José Miguel Matamala, quien manifestó que «la importancia del Cluster radica en que empresas de distintos rubros (diseño, audiovisual, soluciones informáticas, música, etc.) puedan trabajar en base a una estrategia (PMC: Programa de Mejora de la Competitividad) para fortalecer y contribuir al desarrollo de la región de los Ríos».

Además, insistió en que: «En relación al mundo audiovisual, resulta muy cómodo ingresar al Cluster, debido a la convergencia que requiere la producción del cine, donde se complementa con áreas como el diseño gráfico, la música y la informática.»

Este Cluster cuenta con más de 40 iniciativas, de las cuales 13 ya se encuentran en ejecución. Entre estas se hallan, por ejemplo, la Comunicación y Marketing de las Industrias Creativas, Fomento de Negocios de la Industria Creativa, Programa de Fortalecimiento del Capital Humano, el Barrio de la Creatividad, la Alianza con Ciudades Creativas, entre otras; logrando además constituir el Comité Gestor, liderado por empresarios y emprendedores de las Industrias Creativas de la Región de los Ríos, en el que igualmente participan Corfo, Pro Chile y el Consejo de la Cultura.

Venezuela también ha comenzado a tallar fuerte en el cine, llevando la producción de 12 películas en 2007 a 33 películas en 2008.

Durante el año 2009, se sumaron a la plataforma audiovisual venezolana -integrada por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, la Fundación Cinemateca Nacional, la Fundación Villa del Cine, la Fundación Distribuidora Nacional de Cine Amazonia Films y el Centro Nacional del Disco (Cendis)- la Escuela Universitaria de Cine, el Centro de Animación y el Museo de Cine . Es destacable la centralidad que ha adquirido la Villa del Cine, complejo de estudios y recursos técnicos para la realización cinematográfica, único en América Latina, ubicado en las afueras de Caracas, en la localidad de Guarenas, estado de Miranda.

En la industria editorial, Venezuela también ha consolidado su poderío con la FIC (Fundación Imprenta de la Cultura), también en la ciudad de Guarenas, al lado de Caracas. Con 8 millones de ejemplares en el primer semestre de 2008, 137 empleados en tres turnos en un predio de una hectárea, la FIC es una verdadera planta fabril con tecnología de punta. La imprenta puede alcanzar 20 millones de ejemplares al año. De la FIC dependen tres editoriales: El Perro y la Rana, Monte Ávila Editores y Biblioteca Ayacucho. Y sumado lo que es más importante y que resuelve el problema de siempre de los emprendimientos estatales: la comercialización.

Por eso también han creado una distribuidora denominada Fundación Librería del Sur con 54 locales en 24 estados, convertidos en verdaderos centros culturales asentados en el libro y la lectura. La potencialidad de este nuevo distrito cultural se viene acrecentando año a año.

 

Distritos culturales metropolitanos

Los grandes centros urbanos con desarrollo de industrias creativas responden más a la tipificación del italiano Walter Santagata (Cultural districts and economic developments – Universidad de Turín – 2004), quien los denomina Distritos Culturales Metropolitanos y distingue dos variantes: Distrito centrado en la promoción de un área rica en Patrimonio histórico – artístico (cita Florencia, Venecia); o aquél que no cuenta con ese tipo de recursos pero puede establecerse como un núcleo generador de servicios culturales.

Para el primer caso, y cercano a nuestra geografía, podríamos pensar en Valparaíso o en Córdoba. E hibridados, el caso de Buenos Aires, San Pablo, Río de Janeiro, ricos en patrimonio y en servicios culturales.

Buenos Aires posee las características necesarias para ser considerado distrito cultural metropolitano: gran metrópoli conectada a las redes mundiales de distribución de bienes culturales, concentración del recurso humano creativo, interacción y relacionamiento de los mismos, demanda concentrada aun para las propuestas minoritarias, rico patrimonio, presencia institucional de los organismos nacionales de cultura con su lógico vuelco de gran financiamiento sobre ese territorio y una tradición de políticas culturales fuertemente arraigada en el Gobierno de la Ciudad Autónoma.

A todo este bagaje, Buenos Aires ya dispone de una Ley de Mecenazgo, la Ley N° 2.264, por la cual se crea el Régimen de Promoción Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A esta ley se suman numerosas iniciativas para el incentivo de las industrias culturales y en el Ministerio de Desarrollo Económico de la Ciudad se ubica la estratégica Dirección de Industrias Creativas.

Estas herramientas institucionales han multiplicado la incidencia de las industrias culturales en el PBI de Buenos Aires y en el posicionamiento internacional como ciudad de la cultura y la creatividad por excelencia.

 

¿Y Mendoza qué?

Claramente Mendoza aparece en una situación de atraso considerable respecto a los distritos citados anteriormente. Haciendo una rápida evaluación de los últimos años podemos decir que hemos perdido impulso y potencia en este sentido.

Durante los primeros años de la recuperada democracia, se pusieron en marcha en Mendoza procesos que no lograron ser sostenidos políticamente. La creación de la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video, en 1990, en una alianza muy interesante entre la Municipalidad de Godoy Cruz, el Cine Club Mendoza y el Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno provincial, se postulaba como la primera acción necesaria para «recuperar» el protagonismo histórico que había tenido Mendoza con Film Andes en los años ’50.

A la escuela se sumarían en los años subsiguientes: el Centro de Producción Audiovisual, el organismo Mendoza Set (promoviendo la Provincia como lugar privilegiado para filmaciones nacionales e internacionales) y el desarrollo de festivales de cine alternativos a los realizados en otras locaciones. Lamentablemente gestión tras gestión, la propuesta perdió importancia política y hoy nos encontramos francamente a la deriva.

No obstante la escasez de políticas audiovisuales, la aparición reciente de nuevos agentes en Mendoza, en este caso desde el sector privado, como es el caso de la Escaaad, la nueva Escuela de Animación y Artes Audiovisuales Digitales, conducida por el emprendedor Enzo Vendemmia, puede sumarle otro impulso a esta industria cultural.

La industria editorial tuvo similar derrotero. Iniciada con fuerza en 1992 la capacidad editora estatal con Ediciones Culturales de Mendoza asentada en el traspaso de la modernizada Imprenta Oficial al área de Cultura, permitió potenciar la edición local a más de 300 títulos sumando 200.000 ejemplares volcados al mercado y al sistema educativo.
 
El desguace de la Imprenta Oficial en 1996, dio por tierra con este intento estatal de consolidar la Mendoza editorial. De allí en adelante, la producción editorial local languidece, salvo excepciones en universidades públicas y privadas y algunas editoriales privadas con producción limitada.

De la industria fonográfica es poco lo que se puede hablar, a excepción de Mendoza Suena, experiencia que también fue desarticulada en el 2000. Hoy, salvo honrosos emprendimientos privados, como es el caso conducido por el músico Morcy Requena con La Cofra Records, no existe política cultural en este sentido.

No obstante este cuadro poco alentador, la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza viene trabajando en forma sostenida para consolidar varios espacios con eje en lo cultural. El Centro Cultural Plaza Independencia recientemente lanzado, reúne el MMAM, el teatro Quintanilla, el teatro al aire libre y el resto del espacio de la plaza con el mercado artesanal, configurando un complejo cultural singular.
 
También hay que destacar la intervención urbana y cultural del municipio en la Alameda, que desde 2004 fue postulado como un eje gastronómico-cultural. La alianza entre el sector público y los inversionistas privados fue haciendo el resto y hoy la Alameda va perdiendo su carácter de zona deprimida, social y culturalmente, para convertirse en un mini distrito cultural de gran potencialidad. Y despunta con fuerza y atractivo el Complejo Cultural del Parque Central con la recuperación y reciclaje de los galpones del ferrocarril.

Se detecta claramente aquí una política cultural de desarrollo de distrito cultural metropolitano -en red de zonas creativas.

Por el lado del Gobierno provincial es poco lo que se propone. Salvo el anuncio de la construcción de un complejo cultural en la vieja estación del Ferrocarril Belgrano en Guaymallén, no se detecta ninguna propuesta consensuada ni de participación de la comunidad en torno a lo cultural y creativo.

 

Mendoza y sus agentes culturales

Lo que caracteriza a Mendoza y la favorece respecto a otros lugares, es la gran cantidad de actores culturales que, contra viento y marea, han sobrevivido sólo gracias a su empeño y su perseverancia. Ellos son el activo más importante de la Mendoza creativa.

Vamos viendo, entonces, que Mendoza como distrito cultural está más alineada con la segunda tipología de O’ Connor: distrito cultural-densidad de agentes. Y aquí aparece la diferenciación respecto a San Luis, Valdivia y otros similares.

No hace falta ahondar mucho para afirmar que Mendoza dispone de una riqueza creativa humana de gran anchura. Músicos, plásticos, actores, escritores, bailarines, comunicadores, fotógrafos, arquitectos, publicistas, diseñadores, informáticos, cineastas, gestores y emprendedores creativos, que determinan un especial perfil para Mendoza como distrito cultural.

Como dice O’ Connor, hay que construir la relación en red y la comunicación entre los diversos agentes culturales profesionales, para lograr lo que un distrito cultural persigue: transformar la producción cultural en bienes económicos.

Los agentes culturales de Mendoza tienen un gran desafío: poner en tensión su poderosa energía, autopropulsándose para gestar sus alianzas y protagonizar la construcción de la Mendoza cultural volcada al mundo.

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